La historia de esta familia comenzó en 2022, cuando un macho infantil ingresó al CAVR del
Área Metropolitana del Valle de Aburrá tras una entrega voluntaria. En 2023, una hembra
llegó producto de una incautación. Ambos habían sido separados de su entorno natural y
presentaban secuelas físicas y de comportamiento asociadas al cautiverio. Con el paso del
tiempo, gracias a un proceso integral de rehabilitación que duro más de dos años, dejaron
de ser individuos aislados y conformaron un grupo familiar estable, del cual nacieron cuatro
crías durante su permanencia en el centro.
El proceso de rehabilitación de este grupo incluyó una valoración médico veterinaria
integral, exámenes químico-sanguíneos y análisis genéticos que orientan las decisiones
clínicas y de manejo. Asimismo, se implementaron dietas naturales para recuperar su
estado nutricional y ejercicios de enriquecimiento ambiental y sensorial que les permitió
reaprender comportamientos esenciales para sobrevivir en libertad, como la búsqueda de
alimento y el reconocimiento de depredadores.
Uno de los componentes más importantes del proceso es la conformación de grupos sociales
estables, respetando genética, edad, sexo, compatibilidad y jerarquías. Desde 2024, más
de 73 individuos de esta especie han ingresado al Centro, y más del 70% lo han hecho en
estado infantil o juvenil.
“Esta liberación nos llena de alegría, porque el tití cabeciblanco es una especie endémica
colombiana que tenemos que proteger y cuidar. Con esto decirle a la ciudadanía que
sigamos cuidando la fauna silvestre, que el hábitat natural de estas especies se debe
proteger; además cuidar la biodiversidad en el territorio”, indica Paula Andrea Palacio
Salazar, directora del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
El tití cabeciblanco (Oedipomidas oedipus) se encuentra categorizado como En Peligro
Crítico (CR) en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza, lo que significa que enfrenta un riesgo extremadamente alto de extinción en
estado silvestre. La fragmentación de su hábitat en el Caribe colombiano y el tráfico ilegal
son las principales amenazas que han llevado a la drástica disminución de sus poblaciones.
La liberación se realizó en articulación con CORPOURABA, en una zona estratégica del
Urabá antioqueño. Este territorio hace parte del rango histórico de distribución natural de
la especie y cuenta con condiciones ecológicas adecuadas: cobertura boscosa continua,
disponibilidad de alimento, conectividad ecológica y baja presión antrópica en el punto
seleccionado.
“La elección del sitio respondió a estudios técnicos previos siguiendo las guías, se realizó
una mesa técnica donde se evaluaron las condiciones, la disponibilidad de alimento, el
hábitat adecuada, para garantizar que los individuos liberados aporten a la conservación de
la especie sin generar impactos negativos en poblaciones silvestres existentes” , contó
Alexis Cuesta, director de CORPOURABA.
El proceso se realizó bajo la modalidad de liberación blanda, una estrategia que permite
una transición gradual a la vida silvestre. Inicialmente, el grupo es trasladado a un recinto
temporal en el área de liberación, donde permanece en fase de adaptación al clima, sonidos,
olores y dinámicas del bosque. Durante este periodo reciben apoyo alimenticio
suplementario mientras exploran progresivamente el entorno.



















